


Todas las historias que cuento en este blog son cosas que me han pasado, sin embargo y, sin que sirva de precedente, en esta ocasión escribo un relato ficticio que me envió una amiga mía y que me gustó tanto que quiero compartirlo con vosotras/os.
Dice así:
Mi siervo y yo llevamos poco tiempo juntos, cómo nos conocimos no importa, cada uno tiene su vida y la que compartimos es breve, pero tan intensa que a menudo los encuentros que tenemos en nuestro hogar secreto se me antojan demasiado lejanos entre sí. Será la primera vez que yo esté presente en algo tan nimio como celebrar un cumpleaños, pero mi siervo me importa y quiero que sea un día especial para él, para los dos. Sobretodo porque mi latente faceta dominante está creciendo vertiginosamente y hay cosas que nunca había hecho antes y que espero realizar ansiosamente junto a él.
Ha tenido una tarea algo tediosa, sé que no dispone de mucho tiempo, pero le he ordenado que memorice un poema delicioso de Leopoldo Mª Panero, mi poeta favorito, llamado “La flor de la tortura”.. y hoy, precisamente hoy habrá de ser el día en que habrá de recitarlo, sintiendo cada frase en carne propia. Así recordará siempre cómo festejé con él este cumpleaños suyo.
Mi siervo ha llegado a la casa después que yo, le he ordenado que no se adelantase para poder prepararle una sorpresa, he hecho algunos cambios que sin duda le gustarán. Cuando entre sabe que ha de dirigirse al cuarto que he dispuesto para este día, donde le estoy esperando. Ha de despojarse de la ropa en el vestíbulo y acudir desnudo a mí.
Mientras se desviste, en medio de la penumbra, siente un aroma que le resulta familiar, sabe que me gustan las rosas blancas, e imagina que he cambiado las que empezaban a marchitarse en el salón. Se dirige al pasillo, que también está a oscuras, cuando comienza a atravesarlo siente una caricia bajo sus pies, un cosquilleo suave de algo que no había pisado nunca antes. Cientos de pétalos arremolinados por doquier, como una alfombra blanca, pura, exquisita. Ah, qué dulce recibimiento, sin duda su ama se ha tomado muchas molestias, se siente mimado y anhela saber qué más sorpresas le esperan.
Cuando abre la puerta del cuarto, se queda boquiabierto, aquel lugar es otro, parece una noche blanca salida de un sueño. Del techo penden un sinfín de jirones de tela, de un blanco níveo, casi transparente, parece seda porque ha sentido su tacto en la cara al adentrarse en la habitación y era muy delicado. El aroma sin duda es embriagador, sensual, de nuevo vuelve a pensar en algo onírico porque le resulta difícil explicar y asimilar lo que está viendo.
Una luz tenue ilumina la estancia, mi siervo busca ansioso con la mirada a su dueña, yo continúo con lo que estaba haciendo y le pido que se siente a los pies de la cama y observe. El reflejo de la luz en las telas apenas le permiten distinguir mi figura borrosa.
Obedece como siempre y se queda atónito al contemplar la escena. Su amada señora ha instalado una cama con dosel, antigua, sencilla y hermosa, en medio de la habitación, no puede ver mucho más con esa nube de tejidos flotando por doquier. Cuando se postra en el borde una tristeza atroz le invade. Su ama está dedicada en cuerpo y alma a una mujer. Un cuerpo delgado y sinuoso que yace tenso sobre la cama, atado de pies y manos a los extremos del mueble, inmóvil y jadeante.
Había imaginado que le esperaría una dulce tortura a manos de su señora pero ésta no le hace el menor caso, ni siquiera le ha mirado, está muy concentrada en lamer los muslos de esa desconocida. Acaso se ha hecho con otra esclava que venga a sustituirle? No puede ser, no tras todo el esfuerzo y dedicación que ha prodigado a su ama para complacerla.
Me doy cuenta de que mi vasallo se sentirá confuso y desarmado, ese lecho de pétalos para recibirle, este cuarto preparado amorosamente pero con su ama afanada en otra persona.. su humillación ante mi indiferencia recibirá sin embargo una recompensa más adelante, y él seguramente lo intuye. Está tan perplejo mirándome que parece una estatua.
-Qué te parece mi sorpresa? Te gusta? No me negarás que tu mente lasciva y pervertida disfruta contemplando a tu ama retozando con una mujer, te dejaré mirar pero no podrás tocarte. Te agrada este regalo por tu cumpleaños?
-Todo lo que usted hace me agrada, mi ama.. (no lo dice muy convencido y me detengo)
-No deberías mentirme esclavo, esa es una de las cosas que más odio y lo sabes.
-No quiero contradecirla, por favor no se enfade, es que sé que se ha tomado muchas molestias y lo agradezco, pero esa mujer.. yo había soñado con mi ama a solas, disculpe mi atrevimiento.
-Estamos a solas, querido siervo, esta mujer no es más que una muñeca, ves que tiene un artilugio introducido en su boca para que no hable, que está atada para que no se mueva y que tú sin embargo tienes intacta tu movilidad? Jugaremos juntos con ella.. acércate.
Mi siervo se sienta a mi lado, y me lanza una mirada atrevida de arriba a abajo, le gusta sin duda mi vestido, ceñido, largo, y unas botas que asoman por debajo. Me acerco a su boca y la rozo levemente con mi lengua, siento que su tensión se desvanece y se abandona a mi beso. Sujeto su mano dirigiéndola hacia las piernas de la mujer e introduzco uno de sus dedos en su sexo, él no puede dejar de besarme y yo no puedo evitar acariciar su miembro que ya está erguido y firme. Ella mientras se retuerce observándonos.
-Quiero que recorras el sexo de esta muñeca con tu lengua, como si fuese el mío, hazlo para que tu ama se deleite. Ponte de rodillas entre sus piernas y acerca tu cabeza, quiero ver tu trasero desde aquí..
Mi siervo obedece servil mientras me sitúo a los pies de la cama, qué bella imagen, una chica recibiendo la dulce lengua de mi siervo y él postrado como un manso animalito. Le ordeno que separe un poco las piernas porque quiero que su ano quede expuesto ante mí. Empiezo a acariciarlo delicadamente y él que no lo esperaba se detiene.
-Continúa con lo que hacías o te privaré de este placer.
-Oh, sí, mi ama..
Ahora que sabe lo que recibirá arquea su espalda y levanta un poco su trasero, está deseando volver a sentir la mano de su ama sobre él, ahora sí sabe que este día es un regalo. Y yo me aplico a ello. Paso lentamente mis dedos una y otra vez sobre la piel que rodea su agujerito, con cuidado, pero cada vez aplico más presión, mi pulso se acelera sintiendo que él hierve cuando empiezo a penetrarle. Sé que le vuelve loco pero yo disfruto mucho más poseyéndole de esa manera, siento que su cuerpo es mío por completo y adoro la sensación de entrar en ese lugar tan vetado para muchos hombres..
Tras un buen rato en esta posición y cuando sé que su ano está preparado y ansioso de recibir más y más comienzo a extender un gel sobre él. Se encoge instintivamente.
-Está frío, lo sé, pero no te dolerá, no te resistas o recibirás unos buenos azotes en tu hermoso trasero.
No puedo reprimirme y le atizo fuerte, su nalga derecha se ha vuelto colorada y me río. Bien, ahora sí está listo. Empiezo a introducir lentamente uno de esos jirones de tela, suave y sedosa, en su ano, él se desespera porque no sabe qué estoy haciendo. Pareciera que no puede entrar todo lo que tengo en la mano, pero su esfínter acaba por relajarse y lo lleno empujando con mis dedos la tela. Llevo el trozo que sobra hacia delante y lo enrollo firmemente alrededor de su pene, que se queda más tieso todavía y oculto.
-Me gusta oírte jadear como un perro, te gusta verdad? Te gusta que tu ama te sodomice, confiésalo.
-Lo admito, mi ama, me gusta..
-Bien, sigue a lo tuyo que tu muñeca te lo agradecerá. Continúa comiendo!
Cuando sé que ella está a punto de llegar al orgasmo le pido a mi siervo que se detenga. Ahora habrá de hacer algo que sin duda no le gustará en absoluto, esta chica se ha avenido a prestarse al juego a cambio de que un hombre le atice con un buen látigo, es algo que nunca usamos mi esclavo y yo, quiero su piel intacta y además él no soporta demasiado bien el castigo físico, pero ella lo ha querido así y no me queda más remedio que pasar el trago cuanto antes. De todas formas he de reconocer que siento un cosquilleo en el estómago ante la imagen que voy a presenciar.
-Levántate, ahora viene la segunda parte, esta putita tiene unos gustos algo particulares. La desato, dejo su boca libre y la obligo a situarse al revés, con su espalda hacia nosotros, tumbada igualmente sobre la cama. Pongo en la mano de mi siervo un artefacto siniestro, una empuñadura plateada de la que salen muchas cintas, finas y largas.
-Azótala.
-Pero ama, yo.. ya sabe que..
-Si no puedes hacerlo se acabó el juego aquí!! No seas inútil!!!
-Lo haré si usted me lo pide.. perdóneme
Aprieta los dientes y aunque duda empieza a azotar a la muchacha, lo hace suavemente, sobre sus muslos, pero ella se atreve a gritarle -más fuerte, idiota! Y él se enfada y se aplica enfervorecido a dejar su trasero rojo como la grana. Ella se retuerce de placer mientras yo observo algo descolocada a mi siervo, está como poseído, vengando sobre el culo de la mujer su propia frustración de manera salvaje. Se escucha un gemido largo y mientras ella se corre yo detengo la mano de mi perro.. le susurro: -es suficiente, lo has hecho muy bien.
Me lanza una mirada de odio por obligarle a realizar aquello, pero sabe que sólo es un juego, un pacto entre ella y yo. Su erección se ha deshecho así que ahora sí toca jugar solamente con él..
-Bien, ahora probarás en tu carne la tortura que le has infligido a esta pobre criatura.
-Pero señora, lo he hecho porque usted..
-Cállate, imbécil, nadie va a pegarte, no tiembles como una niña, no me decepciones tan pronto.
-Lo siento mi ama..
Quiero que se relaje, que olvide lo que acaba de hacer, así que me acerco y vuelvo a acariciar sus labios con mi lengua, detenidamente, ahora estamos de pie, uno frente al otro, cojo sus manos y las poso en mi cintura, él comienza a tirar de mi vestido hacia arriba, vuelve a calentarse y yo le dejo. Ahora ya está acariciando mis muslos, ascendiendo hacia mis caderas, le aprieto contra mí para sentir su erección, su polla se ha levantado más fuerte que antes, pareciera que la tela que la cubre se fuese a rasgar de un momento a otro.
Está aprovechando esta tregua para tocar a su ama, la piel que le niego a menudo, sus manos se deslizan ávidas sobre mi trasero, las introduce por el interior de mi braga mientras yo devoro su boca abrazándole. Cuando intenta introducir uno de sus dedos en mí le detengo bruscamente.
-No tan rápido, no tan rápido.. (la verdad es que estoy tan caliente que me gustaría lanzarle sobre la cama y cabalgarle pero la noche aún tiene alguna sorpresa para él y he de aguantarme)
Me desvisto quedándome únicamente calzada con mis relucientes botas y miro a la muchacha, ahora sabe que ha llegado la hora de jugar con mi siervo. Desenrollo el trozo de tela de su miembro y ato el extremo a una esquina del dosel. Ella se levanta de la cama y coge de la mano a mi siervo, yo la acompaño sujetando su otra mano. Le guiamos hacia una esquina de la habitación, ahora mi perro y yo estamos tan excitados que sentimos las caricias de las telas que penden del techo en nuestra piel como un martirio que viene a acrecentar la lascivia. A cada paso que da sintiendo que la tela sale de su ano suavemente lanza gemidos cada vez más fuertes. Su trasero se ve liberado de la presión de una manera tan delicada que desearía que su ama volviese a llenarlo de nuevo.
-Cierra los ojos.. Siéntate en esta silla y no te muevas.
Comenzamos entre ambas a enrollar cada pedazo de tela que pende del techo sobre los brazos, la atamos fuertemente, después hacemos lo mismo rodeando su pecho, su tórax, de manera que quedará semitumbado, colgando del techo, cuando retiremos la silla. Continuamos por cada pierna y al terminar su cuerpo está envuelto en esa seda que le atrapa dulcemente, parece un ángel, inmóvil, abandonado a la mente caprichosa de su señora. Ahora su dueña puede hacer lo que quiera, percibe mi poder sobre él y se siente tan feliz que no se atreve a abrir los ojos. Desearía quedarse mecido en esa habitación durante días enteros sintiendo sobre él las manos de su ama.
Observo detenidamente a mi esclavo, está completamente a mi merced, su cuerpo cuelga a unos cincuenta centímetros del suelo, así que puedo arrodillarme y tenerle a tiro. La muchacha sigue las instrucciones que le he dado, se sienta en el suelo, entre las piernas abiertas de mi siervo y comienza a comer su pene. Yo me acerco a él y le susurro al oído,
-Ahora debes recitar ese poema que has aprendido para mí, debes hacerlo aunque te quedes sin aire.
-Sí mi ama..
-Empieza ya
Y mi querido perro comienza como puede a hablar, muy despacio, porque le cuesta apartar su mente de la boca que está sobre él recorriendo su verga, tan erecta que casi le duele, pero sabe que con esta distracción podrá aguantar más y alargar su placer. Y dice,
-Busco aún mis ojos en la manoen la Mano y en el suelo,y recuerdo que fui hombre, antesde que el metal hiciera arder mi cuerpoentero como una bombilla quebrada por la manodel hombre sin cabeza, cuyos pies sólo veía, cuya manoexplora mi cuerpo como en busca del mapa de todo.
-Eso es, ahora sentirás esa mano explorándote.. ( y comienzo a acariciar suavemente sus nalgas, que están aprisionadas entre jirones, siente mis dedos de nuevo merodear por su ano y su respiración se vuelve pesada y profunda, gime como un animal) -Continúa recitando!
-Oh los pétalos de mi vida que caen, los cristales de mi almaque ya son sólo carne, carne en llamasy una mujer en los brazos de otros!Oh mi amor, mi amor entero, cuyos pies sólo veo!Oh mi hombre, mi amado, mi esposo, quisieraofrecerte mi falo esta noche quemadoy mis ojos también, mientras arañascon tu mano torpe la bombilla queriéndome,y el látigo de tu voz desmiente mi cabeza!
-Te gusta verdad? Disfrutas de tu regalo de cumpleaños? (quiero interrumpirle para que tome aire, quiero disfrutar de este momento, mi siervo concentrándose como puede en declamar lo que ha memorizado mientras sigue entre sus piernas una boca devorándole)
-Sí, mi ama, siento que me muero con este placer..
-Aguanta un poco más! Sigue hablando para mí.. (ahora sí introduzco uno de mis dedos en su ano, que continúa humedecido en gel, y se desliza hacia su interior sin resistencia)
Jadea cada vez más fuerte, su voz se vuelve entrecortada,
-Esto era la cabeza que huboesto el metal de tu voz.Esto la carne en pedazos por el suelo, por el suelocomo un espejo roto que recuerdaa todos los hombres.Ya no soy yo sino eso que torturas,y una sola flor en la cabeza,dos en pie, y cinco en el escroto.
-Te gustan las torturas de tu ama?
-Oh, sí, mi señora, soy feliz cuando me trata como a un perro..
-Yo creo que ahora no te estoy tratando como a un perro, sino como a un privilegiado, crees que lo mereces?
-No lo merezco, no lo merezco –grita.
Con una indicación mía la muchacha sabe que ha de marcharse ya. Mi siervo y yo nos quedamos a solas. Ahora me sitúo sobre él, mis piernas abiertas abrazando las suyas.. Esta visión maravillosa, mi esclavo inmovilizado retorciéndose, la recordaré durante mucho tiempo, su carne como dice el poema en pedazos rotos sobre el suelo, se ha convertido en una flor. Está tan excitado que no siente los tirones de la tela, ni su piel enrojecida por soportar su peso..
-Sigue recitando para tu dueña, perro, dile lo que harías por ella..
-Al final, como un regalote escupiré mi nombre al suelo.Y quedará vacía por entero mi alma, sólo amorsólo pasión de ti y de tu boca de acero,de tu Mano que se mueve curiosa entre mi pelos,que aplica electrodos con premura, tiernamentea través del laberinto de mi cuerpo.
Se detiene cuando siente que me he sentado sobre él, es un poco complicado mantener el equilibrio. Su cuerpo se balancea cuando introduzco su polla en mi vientre, sobre unos cojines, de rodillas, he podido situarme sobre él, pasando mis piernas entre las cintas que le sujetan. Mi sexo está tan húmedo que su verga ha entrado rápidamente. Sujeto sus caderas, él me mira extasiado, empiezo a empujarle hacia mí una y otra vez, cada vez más fuerte.
-No has terminado de declamar para tu ama!
-¿Querías saber mi nombre? Soy el fuego,y toda la marea de los dioses, aparece en mi frente.¿Querías saber quién soy?Yo soy un gato, una gota de agua salada en tu manoarena de la playa para que en ella como un niño juegues.¿Te gusto más desnudo? para que con mí juegues, sin dudaes mejor mi piel que el inútilenigma de mi ropa.
Los dos gemimos al unísono, ahora realmente no puedo detenerme, él no puede moverse pero yo domino las embestidas, tengo mi cabeza sobre su pecho, y mis manos sujetan fuertemente sus nalgas, le hundo en mí con furia, ahora soy yo la que habla y remata los últimos versos del poema, gritando poseída:
-No es nada ya mi cuerpo tómalo,hunde tu falo, y que te amecomo el agua ama el pie que en ella se hunde.
-Sientes el cuerpo de tu señora amándote, lo sientes tuyo?
-Lo siento mi ama!!!!!!!!!
Con la última frase de mi esclavo y su verga tan crecida dentro de mí empiezo a sentir un orgasmo que me hace gritar, le abrazo y muerdo su cuello porque me parece que voy a caerme, que me desintegraré sobre él y quedaré esparcida derramándome por el suelo..
Pero me recompongo porque aún queda la guinda al regalo que he querido hacer a mi fiel siervo. Está acostumbrado a reprimir su pasión, a esperar a que su dueña reciba primero el placer antes que él, así que no se ha corrido todavía.
Me levanto, mi siervo está tan excitado que no puede evitar suplicarme entre sollozos,
-No, mi ama, por favor no se retire todavía, no me deje así, se lo suplico..mi ama!
-No hagas que me arrepienta de no haberte azotado!
Me giro poniéndome en cuclillas sobre él, introduzco toda su polla en mi boca dándole la espalda, él sólo puede ver mi trasero pero no alcanza a rozarlo, le gustaría hundir su lengua en mis fluidos y comer lo que su dueña no le ha dejado tocar hoy. Mientras piensa esto recibe una fina lluvia sobre su pecho. Se siente tan desconcertado que no puede creerlo.
Su adorada señora le regala su orina, siente el líquido desparramarse sobre todo su cuerpo, cálido como un bálsamo, mientras mi boca succiona con pasión y mis manos aprietan sus testículos. Todo esto viene a traerle un orgasmo tan profundo que cuando su esperma se libera teme ahogarme con él. Grita enloquecido mientras siento su cuerpo completamente tenso, retorciéndose en espasmos incontrolados.
Sigue gimiendo cuando me retiro, quiero desatarle rápidamente y lo hago utilizando unas tijeras, comienzo desde sus pies, y cuando casi he acabado, ya está sentado en el suelo, exhausto. Me siento a su espalda cortando las últimas ataduras que le unían al techo, cuando le libero por completo le abrazo desde atrás y su respiración agitada me llena de gozo.
Le pido que se quede tumbado en el suelo, apenas puede moverse, está entumecido. Me acerco con una esponja humedecida y limpio su cuerpo lentamente, él cierra los ojos y me dice que me ama con apenas un hilo de voz. Le seco con una toalla y le ayudo a incorporarse.
Esta noche dormiremos juntos, en esa cama; cuando estamos ya tumbados le arropo y le digo al oído:
-Feliz cumpleaños, esclavo, tu ama aprecia tu dedicación, si sigues portándote bien permitiré a mi perro que cuando llegue su siguiente aniversario haga enteramente lo que desee.. puede que sea tu sierva por un día, pero para que eso suceda habrás de hacer muchos méritos..
-Oh, lo haré mi señora, su perro no la decepcionará, y esperará ansioso ese día para darle todo el placer que usted me ha regalado hoy..
Me gusta el olor a sexo que flota en el cuarto, mientras me quedo dormida al lado de mi perro, imagino un delicioso desayuno sobre su espalda, su cuerpo desnudo de nuevo a mi servicio..